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Brasil pone en marcha una elección donde el miedo también vota
Lula y Flávio Bolsonaro inauguraron la carrera presidencial desde dos bastiones políticos y eligieron un terreno que puede resultar decisivo: la seguridad. Con una elección polarizada y una diferencia estrecha en las encuestas, ambos buscan convencer a un electorado que exige respuestas frente al crimen sin abandonar sus propias banderas.
Brasil abrió oficialmente el camino hacia las elecciones presidenciales del 4 de octubre y lo hizo con una imagen que resume buena parte de la disputa: Lula y Flávio Bolsonaro comenzaron sus campañas separados por cientos de kilómetros, pero unidos por una preocupación que atraviesa a buena parte del electorado: la inseguridad.
El presidente eligió São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de São Paulo y territorio clave de su trayectoria política. Flávio Bolsonaro, en cambio, se presentó en Copacabana, uno de los escenarios más identificados con el electorado de su familia. La geografía de los actos no fue un detalle: ambos buscaron empezar la carrera desde lugares capaces de reforzar su identidad política.
Pero la campaña dejó algo más importante que una fotografía de dos candidatos enfrentados.
Dejó en claro cuál podría ser una de las principales batallas electorales de los próximos meses: quién consigue convencer a los brasileños de que tiene la fórmula más eficaz para enfrentar al crimen organizado.
La inseguridad dejó de ser patrimonio de un solo discurso
Durante años, la seguridad fue uno de los principales terrenos de crecimiento de la derecha brasileña. El bolsonarismo construyó buena parte de su identidad política alrededor de la defensa del orden, el endurecimiento de las penas y una mayor capacidad de respuesta frente al delito.
Flávio Bolsonaro retomó esa bandera desde el primer día de campaña.
En Copacabana acusó al Gobierno de Lula de no hacer lo suficiente frente al crimen organizado y propuso una estrategia más dura, que incluye la posibilidad de clasificar a las milicias como organizaciones terroristas. También puso en primer plano la reducción del aparato estatal y una agenda abiertamente enfrentada con el oficialismo.
Pero Lula decidió no dejarle ese terreno.
El presidente prometió crear un nuevo Ministerio de Seguridad Pública para mejorar la coordinación entre el Gobierno federal y los estados y planteó una estrategia enfocada en combatir a las estructuras del crimen organizado.
El movimiento resulta políticamente significativo: Lula intenta disputar una de las principales preocupaciones del electorado sin abandonar el perfil social que caracteriza a su espacio.
Dos maneras de hablarle al mismo votante
La diferencia entre ambos candidatos aparece menos en el diagnóstico que en la respuesta.
Flávio busca asociar seguridad con autoridad, endurecimiento y confrontación directa contra las organizaciones criminales.
Lula intenta presentar el problema como una cuestión de Estado que requiere coordinación institucional, inversión y políticas públicas.
La disputa puede ser decisiva porque obliga a ambos candidatos a salir de sus zonas de comodidad.
Para el presidente, significa demostrar que un gobierno de izquierda también puede ofrecer respuestas contundentes frente a la delincuencia.
Para Flávio, implica demostrar que su discurso de mano dura puede transformarse en una política nacional capaz de ir más allá de la base electoral heredada de su padre.
El apellido Bolsonaro sigue en campaña
Hay otro elemento que atraviesa la candidatura de Flávio: la elección también será una prueba para saber cuánto pesa todavía el apellido Bolsonaro.
Jair Bolsonaro no compite, pero continúa funcionando como una referencia central para el electorado conservador. Flávio comenzó su campaña reivindicando explícitamente su legado e incluso incorporó la voz de su padre a su acto en Río de Janeiro.
El desafío será convertir ese respaldo en una candidatura con identidad propia.
No es una tarea sencilla. El candidato deberá conservar el núcleo duro del bolsonarismo y, al mismo tiempo, ampliar su llegada hacia votantes que no necesariamente están dispuestos a repetir el enfrentamiento político de los últimos años.
Lula también necesita ampliar su frontera
El oficialismo enfrenta un problema diferente.
Lula parte con ventaja en varios sondeos, pero ninguna encuesta permite hablar de una elección definida. Un relevamiento de BTG Pactual/Nexus difundido el 17 de agosto mostró una ventaja estrecha del presidente sobre Flávio y un escenario muy competitivo para un eventual balotaje.
Eso explica por qué el comienzo de la campaña estuvo acompañado por mensajes dirigidos a distintos sectores.
Lula habló de seguridad, pero también de empleo, programas sociales, igualdad y soberanía nacional. Además, el voto femenino aparece como un territorio especialmente relevante: las mujeres representan más de la mitad del electorado brasileño y constituyen uno de los grupos que ambos espacios necesitan conquistar.
La estrategia oficialista parece apuntar a algo más complejo que conservar el voto tradicional del Partido de los Trabajadores: evitar que la oposición convierta la inseguridad en una puerta de entrada hacia sectores moderados.
Una elección que todavía puede cambiar de forma
La campaña recién comienza y quedan semanas para que aparezcan nuevos temas, alianzas y candidatos con capacidad de alterar el escenario.
La economía será inevitablemente uno de ellos. También lo serán el empleo, la salud, la educación, el costo de vida y la relación de Brasil con Estados Unidos.
Pero el primer mensaje ya fue enviado.
Los dos principales candidatos entendieron que hablar de seguridad no significa solamente discutir delincuencia. Significa hablar de miedo, autoridad, presencia del Estado y capacidad de gobierno.
Y allí está una de las claves de esta elección.
Brasil no parece dirigirse hacia una campaña en la que simplemente se elegirá entre izquierda y derecha. La pelea será por algo más concreto: quién consigue convencer a un país profundamente dividido de que puede ofrecerle un futuro más seguro sin poner en riesgo aquello que cada sector considera fundamental.
La carrera recién empezó.
Pero la primera batalla ya tiene escenario, tema y protagonistas. Y todo indica que la seguridad será uno de los terrenos donde Lula y Flávio Bolsonaro intentarán decidir quién llega mejor posicionado a octubre.
