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Economía

El crédito que sostiene a las familias también empieza a mostrar su costo

Durante meses, el acceso al financiamiento fue presentado como una señal de normalización de la economía. Pero detrás del crecimiento de los préstamos personales comenzó a aparecer otra realidad: una cantidad cada vez mayor de hogares tiene dificultades para devolver el dinero que pidió.

La morosidad de las personas físicas alcanzó el 17,5% del crédito personal, un dato que expone el deterioro de la capacidad de pago de las familias y pone bajo la lupa el funcionamiento del mercado de crédito.

El fenómeno adquirió velocidad en los últimos meses. Muchos hogares recurrieron a préstamos, tarjetas y distintas alternativas de financiamiento para afrontar consumos que sus ingresos ya no alcanzaban a cubrir. En ese escenario, el crédito dejó de ser solamente una herramienta para comprar bienes o realizar proyectos y pasó, en algunos casos, a convertirse en un recurso para llegar a fin de mes.

El problema tampoco se concentra exclusivamente en los bancos. El crecimiento de las plataformas digitales y de otros canales de financiación amplió las posibilidades para acceder a dinero, pero también sumó nuevos espacios donde pueden acumularse obligaciones.

La discusión ahora excede las cifras financieras. El aumento de los atrasos plantea interrogantes sobre cuánto margen tienen los ingresos familiares para absorber nuevos compromisos y qué impacto podría tener una mayor restricción del crédito sobre el consumo.

Desde el Gobierno sostienen que las obligaciones asumidas por los particulares deben resolverse dentro de la relación entre acreedores y deudores, sin una intervención estatal directa. La postura abrió un debate sobre hasta dónde debe llegar el Estado frente a un escenario que empieza a afectar a una porción creciente de la población.

Mientras tanto, el dato de morosidad funciona como una señal de alerta: detrás de cada porcentaje hay familias que deben reorganizar sus gastos, refinanciar obligaciones o recurrir a nuevas formas de financiamiento para cubrir deudas anteriores.

El desafío para la economía será evitar que el crédito, que puede funcionar como motor del consumo y la actividad, termine transformándose para una parte de los hogares en una cadena difícil de cortar.