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Tecnología nuclear: Buenos Aires fue escenario de un nuevo acuerdo internacional para reforzar los controles sobre las exportaciones
La reunión convocó a representantes de 48 gobiernos y culminó con la aprobación de la Declaración de Buenos Aires, en el marco del 50.º aniversario del Grupo de Proveedores Nucleares. El documento reafirma los mecanismos de supervisión del comercio de tecnología nuclear y plantea la necesidad de mantenerlos actualizados frente a los cambios tecnológicos y geopolíticos.
La circulación internacional de tecnología nuclear requiere mecanismos de control que permitan distinguir las transferencias destinadas a actividades pacíficas de aquellas que podrían representar riesgos para la seguridad internacional. Esa discusión reunió durante cinco jornadas a representantes de 48 gobiernos en Buenos Aires, donde Argentina ejerció la presidencia del Grupo de Proveedores Nucleares (NSG).
Las deliberaciones se desarrollaron entre el 26 y el 30 de octubre de 2026 en el Palacio San Martín. El resultado institucional más importante fue la adopción de la Declaración de Buenos Aires, un documento consensuado que reafirma los principios de control de exportaciones que orientan el funcionamiento del organismo desde su creación.
La reunión coincidió con los 50 años del establecimiento del Grupo y constituyó una instancia de revisión de sus objetivos, procedimientos y mecanismos de cooperación. Según informó la Cancillería argentina, fue el primer documento consensuado en el ámbito multilateral de la no proliferación nuclear en los últimos cinco años.
Un acuerdo que pone el foco en la responsabilidad de los países exportadores
El documento aprobado durante la reunión no establece una prohibición general del comercio nuclear ni introduce, por sí mismo, nuevas restricciones comerciales. Su contenido apunta a reafirmar la responsabilidad de los gobiernos participantes en el control de las exportaciones de materiales, equipos y tecnologías vinculados con el sector.
La declaración plantea que esas transferencias deben estar sujetas a mecanismos nacionales de supervisión capaces de contribuir a la prevención de la proliferación de armas nucleares.
Al mismo tiempo, reconoce la importancia de facilitar la cooperación internacional para el desarrollo de aplicaciones pacíficas de la tecnología.
Este equilibrio constituye uno de los principales desafíos del sistema: mantener controles eficaces sobre productos y conocimientos sensibles sin obstaculizar innecesariamente la investigación científica, la producción energética y los intercambios tecnológicos legítimos.
El texto también advierte sobre la complejidad creciente del escenario geopolítico y la evolución permanente de las capacidades tecnológicas. Frente a esos cambios, los gobiernos participantes consideran necesario preservar la solidez institucional del Grupo y adecuar sus mecanismos de trabajo.
Qué es el Grupo de Proveedores Nucleares
El NSG es un mecanismo multilateral integrado por 48 gobiernos que coordinan criterios para controlar las exportaciones de materiales, equipos y tecnologías nucleares y de uso dual.
Su origen se remonta a 1975, cuando distintos países comenzaron a coordinar medidas para fortalecer los controles internacionales sobre las transferencias de tecnología nuclear.
Su funcionamiento se basa en directrices acordadas por consenso, que los gobiernos aplican mediante sus propias legislaciones y sistemas nacionales de autorización.
Una de las particularidades del organismo es que también contempla productos de uso dual. Se trata de bienes, componentes y tecnologías que pueden tener aplicaciones comerciales, industriales o científicas, pero que eventualmente podrían utilizarse en actividades vinculadas con programas nucleares sensibles.
Por ese motivo, los controles no se limitan exclusivamente a los materiales nucleares propiamente dichos, sino que también consideran determinados equipos y conocimientos técnicos.
Los tres compromisos que quedaron plasmados en Buenos Aires
La declaración adoptada durante la 35.ª reunión plenaria contiene tres líneas centrales.
1. Mantener los controles sobre las exportaciones. Los gobiernos ratificaron su compromiso de supervisar las transferencias de tecnología nuclear y relacionada para contribuir a prevenir la proliferación de armas nucleares.
2. Adaptarse a un escenario internacional cambiante. El documento reconoce que las transformaciones geopolíticas y tecnológicas obligan a mantener mecanismos de control adecuados y técnicamente actualizados.
3. Preservar el consenso y la cooperación internacional. Los participantes acordaron continuar utilizando al NSG como espacio de coordinación, respetando sus directrices y procurando compatibilizar la seguridad internacional con el comercio y los usos pacíficos de la energía nuclear.
Estos compromisos fueron incorporados en el texto oficial fechado el 29 y 30 de octubre de 2026.
Argentina y su participación en la estructura internacional de no proliferación
La Argentina integra el Grupo desde 1994 y ejerció la presidencia durante el período 2025-2026. La conducción de esta etapa estuvo a cargo del embajador Gustavo Zlauvinen, según los antecedentes publicados por Cancillería.
La delegación nacional reunió representantes de distintas áreas del Estado y del sector nuclear, entre ellas la Cancillería, la Secretaría de Asuntos Nucleares, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y empresas vinculadas con la actividad.
Durante la apertura, el subsecretario de Política Exterior, Juan Navarro, ratificó el compromiso argentino con los usos pacíficos de la tecnología nuclear y con los esfuerzos internacionales destinados a evitar su utilización para desarrollar armamento.
A su vez, la subsecretaria de Políticas Nucleares, Ayelén Giomi, expuso los lineamientos de la política nuclear nacional y las prioridades de trabajo de la Secretaría de Asuntos Nucleares.
La presidencia permitió a la Argentina coordinar las instancias de discusión y recibir a las delegaciones extranjeras en una reunión que tuvo como escenario principal el Palacio San Martín.
Del Palacio San Martín al Centro Atómico Ezeiza
La agenda no estuvo limitada a las reuniones diplomáticas. Las delegaciones también visitaron instalaciones del Centro Atómico Ezeiza, una de las principales referencias de la actividad nuclear argentina.
La visita permitió mostrar capacidades e instalaciones del sistema científico-tecnológico nacional a representantes de los gobiernos participantes.
En paralelo, se desarrollaron reuniones del Grupo Consultivo y de los espacios especializados en intercambio de información y licenciamiento e implementación.
Estas instancias técnicas permiten que los integrantes compartan criterios y experiencias sobre la aplicación de las directrices, así como sobre los procedimientos que cada país utiliza para autorizar operaciones comerciales relacionadas con tecnología nuclear.
La participación de organismos científicos, regulatorios y empresas del sector también reflejó que la política de no proliferación no se limita a la diplomacia, sino que requiere coordinación con las instituciones que intervienen en el desarrollo y la comercialización de estas tecnologías.
Qué significa el acuerdo para el sector nuclear argentino
La realización de la reunión en Buenos Aires tuvo una dimensión institucional para la Argentina, que participa del comercio internacional de tecnología y servicios nucleares.
El país cuenta con capacidades en investigación, producción de componentes, ingeniería, medicina nuclear y desarrollo de instalaciones para aplicaciones pacíficas. En ese contexto, la participación en espacios multilaterales de control de exportaciones forma parte del marco internacional dentro del cual se desarrollan sus relaciones comerciales y tecnológicas.
Sin embargo, la adopción de la declaración no implica automáticamente nuevos contratos, habilitaciones comerciales ni acuerdos de exportación. Tampoco modifica por sí sola las regulaciones nacionales vigentes.
Su alcance debe entenderse como una reafirmación de los criterios compartidos por los gobiernos participantes y de la continuidad del sistema de coordinación internacional.
Un desafío que trasciende la reunión diplomática
El desarrollo de nuevas tecnologías y la creciente demanda mundial de energía nuclear plantean desafíos adicionales para los mecanismos de supervisión internacional.
La ampliación de las capacidades industriales, los intercambios científicos y el comercio de componentes especializados hacen necesario que los controles contemplen tanto los riesgos de proliferación como las necesidades de cooperación entre países.
La Declaración de Buenos Aires se incorpora a esa discusión con una posición institucional definida: sostener los controles nacionales de exportación, mantener la coordinación multilateral y facilitar el desarrollo de aplicaciones nucleares pacíficas.
Para Argentina, el cierre de la presidencia 2025-2026 deja como resultado la realización de una reunión plenaria internacional y la adopción de un documento consensuado por los gobiernos participantes.
El seguimiento de esos compromisos y su aplicación en los sistemas nacionales de control serán los elementos que permitirán evaluar, más allá del encuentro diplomático, la continuidad del trabajo del Grupo de Proveedores Nucleares.
