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Café, libros y milanesas: tres escenas que marcaron el fin de semana porteño
El sábado 5 y el domingo 6 de septiembre, Buenos Aires propuso una agenda que reunió tres costumbres muy diferentes en distintos puntos de la Ciudad. Hubo café y actividades al aire libre junto a la Floralis, una celebración dedicada a los libros usados en Recoleta y un festival gastronómico que llevó la milanesa a más de cien versiones.
Buenos Aires tiene muchas maneras de encontrarse. A veces alcanza una mesa, un libro o un plato conocido para que un espacio de la Ciudad cambie durante unas horas.
Eso fue lo que ocurrió durante el primer fin de semana de septiembre, cuando distintos barrios porteños concentraron propuestas que tuvieron a la gastronomía y la cultura como protagonistas.
En Recoleta, el café ocupó el centro de la escena. En el Centro Cultural Recoleta, los libros usados fueron el punto de partida para una celebración literaria. Y en Palermo, la milanesa se convirtió en protagonista de un festival gastronómico.
Tres propuestas diferentes, pero con una característica en común: invitaron a recorrer la Ciudad desde experiencias cotidianas.
El café como punto de encuentro
En la Plaza de las Naciones Unidas, junto a la Floralis, se realizó una nueva edición de Cafecito BA.
Durante el sábado 5 y el domingo 6, más de 20 cafeterías participaron de la propuesta, que sumó distintas variedades de café, opciones dulces y saladas y actividades para permanecer en el lugar más allá de la comida.
La programación incluyó música en vivo, DJ sets, cine al aire libre y espacios destinados a la lectura. También hubo una propuesta particular: la lectura de la borra del café.
Pero el sábado tuvo además un desafío que convirtió a la jornada en un acontecimiento singular. Durante varias horas se trabajó en la elaboración de un alfajor de grandes dimensiones con el objetivo de alcanzar el récord Guinness para el alfajor más grande del mundo.
La elaboración estuvo a cargo del streamer Spreen y el resultado fue sometido a la evaluación y certificación de un juez oficial de Guinness World Records.
La escena combinó así una costumbre profundamente instalada —tomar un café— con una propuesta pensada para atraer al público alrededor de una experiencia extraordinaria.
Los libros usados volvieron a ocupar el centro
A pocas cuadras, el Centro Cultural Recoleta recibió durante las mismas jornadas una nueva edición de la Fiesta del Libro Usado.
La propuesta reunió librerías especializadas y una selección de títulos de segunda mano, pero la feria no se limitó a la venta de ejemplares.
El programa incluyó charlas con figuras de la literatura argentina, lecturas, entrevistas, música en vivo y conciertos. La actividad se desarrolló el sábado y domingo de 12 a 19.
En este caso, el protagonista no fue un lanzamiento ni una novedad editorial. El punto de partida fueron libros que ya tuvieron otros lectores y que volvieron a circular en un espacio dedicado especialmente a ellos.
La propuesta convirtió durante dos días al Centro Cultural Recoleta en un punto de encuentro para lectores, librerías y referentes de la literatura.
La milanesa, protagonista en Palermo
El tercer escenario estuvo en Palermo.
Durante el sábado y domingo, el Hipódromo de Palermo recibió el Festival de la Milanesa, una propuesta gastronómica que reunió más de 35 puestos y food trucks.
La particularidad estuvo en la variedad: el evento ofreció más de 100 versiones del plato, desde preparaciones tradicionales de bodegón hasta alternativas gourmet, opciones al plato y sándwiches. También se incluyeron propuestas vegetarianas.
Entre las distintas preparaciones mencionadas por el sitio oficial de Turismo de la Ciudad aparecieron milanesas de entraña, peceto, matambre, tapa de asado y bife de chorizo, además de variantes como la napolitana, fugazzeta, tex mex, a caballo y a la suiza.
La propuesta tomó un plato habitual de la cocina argentina y lo convirtió en el eje de una experiencia gastronómica basada en la diversidad de preparaciones.
Una Ciudad contada desde sus costumbres
El recorrido por las actividades del fin de semana deja una postal particular de Buenos Aires.
No hubo un único escenario ni una única manera de participar. La agenda se repartió entre una plaza, un centro cultural y un hipódromo, con propuestas que apelaron a intereses muy diferentes.
El café funcionó como excusa para quedarse y compartir. Los libros usados recuperaron el valor del encuentro alrededor de la lectura. Y la milanesa permitió explorar cuánto puede cambiar un mismo plato cuando se modifican sus ingredientes, su preparación o la manera de servirlo.
Más que una sucesión de eventos, el fin de semana mostró tres formas de habitar la Ciudad: sentarse a tomar un café, perderse entre libros y salir a buscar una nueva versión de un clásico de la cocina argentina.
Y en esa combinación, entre lo cotidiano y lo extraordinario, Buenos Aires volvió a encontrar una manera de convertir sus espacios públicos y culturales en lugares de encuentro.
