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Del proyecto de Mariano Moreno a la Biblioteca Nacional: la historia detrás del Día del Bibliotecario

Cada 13 de septiembre, Argentina reconoce la tarea de quienes trabajan para preservar, organizar y acercar el conocimiento a la sociedad. La fecha tiene su origen en una decisión tomada en 1810, cuando la Primera Junta impulsó la creación de la primera biblioteca pública de Buenos Aires.

El Día del Bibliotecario tiene en Argentina una historia que se remonta a los primeros meses posteriores a la Revolución de Mayo. El 13 de septiembre de 1810, la Primera Junta de Gobierno resolvió crear la Biblioteca Pública de Buenos Aires, una institución concebida como un espacio destinado a favorecer la educación y el acceso al conocimiento.

La iniciativa fue impulsada por Mariano Moreno, entonces secretario de Gobierno. Ese mismo día, el proyecto fue difundido a través de La Gaceta de Buenos Ayres, en un artículo titulado “Educación”. La propuesta formaba parte de un conjunto de iniciativas destinadas a fortalecer la formación de la población en una etapa de profundas transformaciones políticas y sociales.

La nueva institución tuvo inicialmente su sede en la zona de la actual Manzana de las Luces, en la intersección de las calles Moreno y Perú. Sus primeros bibliotecarios fueron Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez.

Aunque la biblioteca fue creada en 1810, su apertura al público se produjo el 16 de marzo de 1812. Con el paso de las décadas, la institución fue ampliando su patrimonio y atravesando distintas etapas hasta convertirse en la actual Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Una fecha que nació de la historia bibliotecaria argentina

La elección del 13 de septiembre como Día del Bibliotecario no fue inmediata. En 1942, el Congreso de Bibliotecarios reunido en Santiago del Estero estableció esa fecha como jornada de reconocimiento para la profesión. Más tarde, en 1954, la celebración fue instituida oficialmente a nivel nacional mediante el Decreto N.º 17.650/54.

De esta manera, una fecha vinculada originalmente con la creación de una biblioteca terminó convirtiéndose en un reconocimiento a quienes desarrollan una tarea que excede ampliamente la organización de libros.

Los bibliotecarios intervienen en la catalogación y preservación de colecciones, facilitan el acceso a distintas fuentes de información, orientan a lectores e investigadores y participan en la conservación del patrimonio documental. En las instituciones especializadas también cumplen funciones fundamentales para proteger materiales históricos y garantizar que puedan ser consultados por las próximas generaciones.

Las bibliotecas populares, otro capítulo de la historia

La actividad bibliotecaria también tiene una fuerte presencia fuera de las grandes instituciones nacionales. Las bibliotecas populares forman parte de numerosas comunidades y funcionan como espacios de lectura, formación y encuentro.

Según información difundida por el Gobierno nacional con motivo del Día del Bibliotecario, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) reúne actualmente a casi 1.500 bibliotecas populares, que cuentan con aproximadamente 20 millones de libros y el trabajo de unos 30.000 voluntarios.

La red tiene además un antecedente histórico propio. La CONABIP fue creada en 1870 por iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento mediante la Ley N.º 419, que sentó las bases para el desarrollo de las bibliotecas populares en distintas regiones del país.

De los primeros libros al patrimonio digital

La evolución de las bibliotecas argentinas también refleja los cambios en la manera en que la sociedad produce y consulta información.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno conserva actualmente una colección que incluye libros, publicaciones periódicas, fotografías, partituras y materiales audiovisuales. La institución también ofrece actividades culturales, exposiciones, talleres y servicios de consulta.

La historia comenzó con una pequeña biblioteca creada en los primeros años de la Argentina independiente y continuó con sucesivos cambios de sede y crecimiento de sus colecciones. En 1884 la institución pasó a ser oficialmente conocida como Biblioteca Nacional y décadas más tarde llegó a su actual edificio, diseñado por Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga e inaugurado en 1992.

Así, el 13 de septiembre no solo recuerda a una profesión. También recupera una decisión tomada en los comienzos de la vida institucional argentina: considerar que el acceso a los libros, la educación y la información constituía una herramienta fundamental para construir el futuro del país.