Economía
El crecimiento que no llega a todos: Guzmán cuestionó el rumbo de la economía argentina
El exministro de Economía puso el foco en la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la realidad de los hogares. Advirtió que el avance de sectores como el agro, la energía y la minería no alcanza para generar una mejora extendida del empleo y los ingresos.
La discusión sobre la economía argentina sumó un nuevo capítulo a partir del diagnóstico de Martín Guzmán, quien planteó una pregunta que atraviesa el escenario actual: ¿qué significa crecer si ese crecimiento no mejora las condiciones de vida de una parte importante de la población?
En una entrevista publicada este domingo, el exministro de Economía reconoció que existen sectores que muestran una evolución positiva durante la gestión de Javier Milei. Sin embargo, sostuvo que ese desempeño presenta una característica que considera determinante: está concentrado en actividades que generan divisas, pero tienen una capacidad limitada para expandir el empleo y los ingresos de manera generalizada.
Una recuperación con distintos ritmos
Para Guzmán, uno de los principales problemas del esquema actual es la composición del crecimiento. Agro, energía, minería e intermediación financiera aparecen entre las actividades que explican buena parte de la expansión, mientras que sectores con fuerte impacto sobre el mercado laboral y el consumo interno, como la industria y el comercio, enfrentan mayores dificultades.
La diferencia no es solamente estadística. Según su lectura, cuando el crecimiento se concentra en determinados segmentos productivos, sus beneficios pueden no trasladarse automáticamente al conjunto de la sociedad. Por eso, el exfuncionario propone mirar más allá del Producto Bruto Interno y observar qué sucede con variables como el empleo, los salarios y el consumo.
Ese enfoque introduce una discusión de fondo sobre el modelo económico: una economía puede expandirse sin que esa mejora sea percibida de la misma manera en todos los hogares.
El crédito como sostén del consumo
Otro de los puntos señalados por Guzmán es el nivel de endeudamiento de las familias. Su argumento es que una parte de los hogares habría recurrido al crédito para sostener gastos cotidianos o preservar determinados niveles de consumo, en un contexto de tasas elevadas y creciente morosidad.
El fenómeno agrega una dimensión menos visible al análisis de la actividad económica. Un consumo que se mantiene mediante endeudamiento puede evitar una caída más pronunciada de determinados indicadores en el corto plazo, pero también puede generar una presión creciente sobre los ingresos futuros de las familias.
En ese sentido, el exministro sostiene que el comportamiento del crédito y la morosidad debería formar parte de cualquier evaluación sobre la recuperación económica.
El ajuste, en el centro de la discusión
Guzmán también cuestionó la composición del ajuste fiscal. Si bien reconoció que la búsqueda del equilibrio de las cuentas públicas constituye un objetivo necesario, marcó diferencias con la manera en que el Gobierno nacional llevó adelante esa estrategia.
Su crítica apunta particularmente a la reducción de recursos destinados a áreas como la obra pública y la educación universitaria, al tiempo que cuestiona determinadas rebajas impositivas. Para el exministro, el equilibrio fiscal no debería analizarse únicamente desde el resultado de las cuentas públicas, sino también desde sus efectos sobre la capacidad productiva futura del país.
La discusión, así, deja de ser solamente cuánto gasta el Estado y pasa a centrarse en qué gastos se reducen, cuáles se mantienen y qué consecuencias tienen esas decisiones sobre la inversión, el empleo y la productividad.
Una crítica que no rechaza el equilibrio fiscal
Uno de los aspectos más relevantes de su posición es que Guzmán no plantea abandonar la disciplina fiscal. Por el contrario, reconoce que la sostenibilidad de las cuentas públicas es necesaria para construir una economía estable.
Su cuestionamiento está puesto en el diseño del proceso: considera que un ajuste puede mejorar determinados indicadores fiscales y, al mismo tiempo, generar costos económicos y sociales que terminen dificultando un crecimiento más amplio.
Desde esa perspectiva, la discusión no queda reducida a una oposición entre ajuste y gasto público. El interrogante que plantea es qué combinación de estabilidad, inversión y distribución permite transformar el crecimiento sectorial en una mejora más extendida.
La economía que se mide y la economía que se vive
El planteo de Guzmán vuelve a instalar una tensión habitual en los debates económicos argentinos: la diferencia entre los números agregados y la percepción cotidiana.
Mientras algunos sectores avanzan y generan dólares, otros vinculados al mercado interno pueden atravesar una situación diferente. Y cuando los salarios no recuperan suficiente capacidad de compra o las familias necesitan recurrir al crédito para sostener sus gastos, la mejora de determinados indicadores puede convivir con una sensación de deterioro económico.
La cuestión, entonces, no pasa únicamente por determinar si Argentina crece o no crece. El desafío consiste en establecer cómo se distribuye ese crecimiento, qué sectores lo impulsan y cuánto tarda en convertirse en empleo, mejores ingresos y mayor capacidad de consumo.
Ese es el eje sobre el que Guzmán construyó su diagnóstico y, al mismo tiempo, uno de los debates económicos que probablemente continúe ocupando el centro de la escena política argentina.
