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El suelo entra en la agenda tecnológica del campo argentino: del diagnóstico a las decisiones de manejo

El INTA impulsa una mirada de largo plazo sobre uno de los principales recursos de la producción agropecuaria. Análisis de suelo, monitoreo, rotaciones y herramientas de agricultura de precisión buscan anticipar problemas antes de que afecten el rendimiento.

Durante años, buena parte de las decisiones agrícolas se tomó mirando principalmente el comportamiento del cultivo. Ahora, la discusión incorpora una variable que permanece mucho más tiempo que una campaña: el estado del suelo.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) volvió a poner este recurso en el centro del debate productivo al analizar qué tipo de agricultura necesitará la Argentina durante las próximas décadas. El planteo oficial parte de una premisa: mantener altos niveles de producción requiere conocer con mayor precisión qué ocurre debajo de la superficie y adaptar el manejo a cada ambiente.

La cuestión dejó de ser exclusivamente ambiental. Para los especialistas, conservar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo también tiene una relación directa con la productividad y con la capacidad de aprovechar los insumos aplicados.

Medir antes de decidir

Una de las líneas que gana importancia es el monitoreo sistemático. El INTA puso en marcha durante 2026 experiencias de seguimiento de suelos agrícolas destinadas a generar información local sobre la evolución del recurso.

En Malbrán, Santiago del Estero, por ejemplo, se inició un esquema de muestreo anual para establecimientos que están atravesando procesos de transformación desde el uso ganadero hacia la agricultura. La iniciativa busca construir información de largo plazo que permita tomar decisiones sobre una base objetiva y detectar cambios en las características del suelo.

La lógica detrás de estos programas es sencilla: un suelo puede comenzar a perder determinadas propiedades mucho antes de que el deterioro sea visible en el rendimiento de un cultivo.

Por eso, el análisis periódico puede convertirse en una herramienta preventiva y no solamente en una respuesta ante un problema ya instalado.

La agricultura de precisión amplía el diagnóstico

La tecnología también comienza a ocupar un lugar más importante en esta etapa del manejo.

El INTA trabaja con herramientas como imágenes satelitales, drones y sistemas de información geográfica para obtener datos específicos de los ambientes productivos. Estas tecnologías permiten observar diferencias dentro de un mismo establecimiento y evitar decisiones uniformes para superficies que presentan características muy distintas.

La posibilidad de identificar variaciones en fertilidad, humedad, estructura o cobertura abre la puerta a estrategias más específicas.

El objetivo no es utilizar más tecnología por sí misma, sino emplearla para utilizar mejor los recursos.

Un problema que puede reducir la eficiencia de los fertilizantes

La condición física del suelo también tiene consecuencias económicas.

Especialistas del INTA señalaron que la compactación puede limitar la infiltración del agua y dificultar el aprovechamiento de los nutrientes por parte de las plantas. En determinadas condiciones, la eficiencia del nitrógeno puede caer de manera significativa cuando el suelo presenta problemas de compactación.

Esto modifica la manera de interpretar una fertilización. Aplicar una mayor cantidad de nutrientes no necesariamente resuelve un problema si existen limitaciones físicas que impiden que el cultivo los utilice adecuadamente.

Por esa razón, el organismo plantea un enfoque integral que combine diagnóstico de fertilidad, monitoreo y estrategias destinadas a mejorar las condiciones del suelo.

La rotación como herramienta productiva

La diversificación también aparece como una pieza importante de esta estrategia.

Ensayos de largo plazo desarrollados por el INTA comparan diferentes sistemas de producción y analizan sus efectos sobre las propiedades del suelo. Entre las alternativas estudiadas se encuentran esquemas de rotación, cultivos de cobertura, pasturas y sistemas multifuncionales, frente a modelos de monocultivo.

La finalidad es determinar qué combinaciones permiten sostener la productividad y, al mismo tiempo, conservar las condiciones del recurso.

Los cultivos de cobertura constituyen otra de las herramientas evaluadas. En el sur de Córdoba, investigaciones del INTA demostraron que mantener una cobertura relativamente baja después de la cosecha de maní puede reducir considerablemente la erosión provocada por el viento. En esos ensayos, una cobertura del 30% permitió reducir más del 80% la erosión eólica.

El agua también se juega en el suelo

El manejo del suelo adquiere una dimensión adicional en campañas con lluvias variables.

El INTA advirtió recientemente que la campaña gruesa se desarrolla con buenas reservas de agua útil y un pronóstico asociado a El Niño que anticipa precipitaciones superiores a las normales. En ese escenario, la capacidad de infiltración y drenaje de cada lote puede determinar si el exceso de agua se convierte en una ventaja productiva o en un problema.

La recomendación, por lo tanto, no es aplicar una receta única. La estrategia debe adaptarse a las condiciones particulares de cada ambiente.

El desafío: producir con información

La nueva mirada sobre la agricultura sustentable no plantea abandonar la búsqueda de rendimiento. El objetivo es conseguir que una mayor productividad sea compatible con la conservación del recurso que la sostiene.

Eso implica pasar de decisiones generales a manejos cada vez más específicos: analizar el suelo, identificar limitaciones, monitorear su evolución, diversificar las rotaciones y utilizar herramientas tecnológicas para ajustar las prácticas.

El propio INTA plantea que la agricultura de las próximas décadas deberá aprovechar de manera más eficiente el agua, los nutrientes y la biología del suelo.

La discusión, en definitiva, ya no pasa solamente por cuánto puede producir una hectárea. También importa qué información existe sobre ella, cómo se la maneja y en qué condiciones quedará para la siguiente campaña.

En un sector donde las decisiones de hoy pueden tener consecuencias durante años, conocer el suelo empieza a ser tan importante como conocer el cultivo.