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Política

El Gobierno de Milei cambia el método: más control político antes de volver a jugar fuerte en el Congreso

Después de los últimos traspiés parlamentarios, la Casa Rosada decidió ajustar la forma en que prepara sus iniciativas. Karina Milei tendrá un papel central en la revisión de los proyectos, mientras el Presidente sostiene a Federico Sturzenegger y busca recuperar iniciativa legislativa.

El Gobierno nacional comenzó a mover sus piezas después de una serie de dificultades que dejaron al descubierto uno de los puntos más sensibles de la gestión de Javier Milei: conseguir que sus proyectos sobrevivan al paso por el Congreso sin sufrir modificaciones que alteren su contenido original.

La reacción oficial no apunta, por ahora, a abandonar la agenda de reformas. El cambio pasa por otro lado: revisar con mayor detenimiento cada iniciativa antes de enviarla al Parlamento y medir de antemano el escenario político que deberá enfrentar. La decisión coloca a Karina Milei en una posición todavía más relevante dentro de la estrategia del oficialismo.

El movimiento aparece luego del revés que sufrió el Gobierno con su proyecto sobre propiedad privada. La iniciativa logró avanzar en el Senado, pero lo hizo después de que fueran retirados capítulos que generaban una fuerte resistencia política, entre ellos los vinculados con la propiedad de tierras por parte de extranjeros.

Una señal hacia adentro del Gobierno

La nueva dinámica también tiene una lectura interna. Los proyectos elaborados por Federico Sturzenegger, uno de los principales impulsores de la política de desregulación, pasarán por un filtro político más estricto antes de llegar al Congreso.

La medida no significa necesariamente un desplazamiento del ministro. Por el contrario, Javier Milei volvió a respaldarlo públicamente y lo incorporó a la mesa política que analiza la relación con los legisladores. El mensaje presidencial apunta a sostener el rumbo de las reformas, pero con una metodología diferente para evitar nuevos costos parlamentarios.

En otras palabras, el Gobierno parece haber llegado a una conclusión: tener un proyecto técnicamente sólido no alcanza si no están asegurados los votos para convertirlo en ley.

El Congreso vuelve a marcar los límites

La situación también expone una realidad que acompaña a la administración libertaria desde sus primeros meses: el Ejecutivo necesita negociar.

La composición del Congreso obliga al oficialismo a buscar acuerdos con bloques que no forman parte de La Libertad Avanza y, en determinadas votaciones, también con representantes vinculados a los gobernadores. Los últimos episodios mostraron que esas alianzas pueden ser decisivas a la hora de sostener una iniciativa.

Por eso, la Casa Rosada comenzó a modificar el orden de prioridades. Entre los proyectos que aparecen en el radar oficial están la reforma del Banco Central y la denominada Ley de Inocencia Fiscal, mientras otras iniciativas podrían esperar un escenario parlamentario más favorable.

Milei apuesta a recuperar la iniciativa

El desafío del Presidente es doble. Por un lado, necesita preservar el núcleo de su programa económico y avanzar con las transformaciones que considera necesarias. Por otro, debe evitar que cada derrota legislativa se transforme en una señal de debilidad política.

La incorporación de nuevos controles sobre los proyectos puede leerse justamente como un intento de equilibrar ambos objetivos.

La discusión ya no pasa solamente por qué quiere reformar el Gobierno, sino por cómo conseguir que esas reformas lleguen al recinto con posibilidades concretas de ser aprobadas.

En ese escenario, el poder de negociación, la relación con los gobernadores y el vínculo con los distintos bloques parlamentarios adquieren un peso cada vez mayor.

Mientras tanto, Milei mantiene su respaldo a Sturzenegger y su administración prepara una nueva etapa legislativa con una premisa diferente: menos improvisación en el Congreso y más trabajo político antes de que cada proyecto llegue al recinto.

El resultado de este cambio de estrategia será una de las claves para medir cuánto margen conserva el Gobierno para avanzar con su programa durante los próximos meses.