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Destete: por qué se recomienda hacerlo de manera gradual y sin una edad límite

El final de la lactancia ya no se plantea como un momento que deba ocurrir a una edad determinada ni mediante una interrupción abrupta. Las recomendaciones actuales de los equipos de salud apuntan a acompañar el destete como un proceso progresivo, adaptado a las necesidades del niño, de la persona que amamanta y de cada familia.

En la provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Salud sostiene que la lactancia exclusiva es recomendable durante los primeros seis meses de vida. A partir de entonces, debe complementarse con otros alimentos y puede continuar hasta los dos años o más. La finalización, sin embargo, no tiene una fecha única establecida: puede responder a motivos laborales, personales, familiares o de salud, así como al propio deseo de poner fin a la lactancia.

La principal recomendación para quienes deciden hacerlo es evitar los cambios bruscos. Reducir progresivamente las tomas permite que el niño se adapte a la nueva situación y, al mismo tiempo, disminuye las molestias que puede experimentar la persona que amamanta ante una reducción repentina de la demanda.

Un proceso que también involucra al vínculo

El destete no supone únicamente dejar de alimentar con leche humana. Para muchos niños, especialmente los más pequeños, la lactancia también está asociada al descanso, al contacto físico, al consuelo y a la seguridad.

Por eso, una de las estrategias que proponen los especialistas consiste en anticipar los cambios y explicar de manera sencilla qué va a suceder. En niños más grandes, por ejemplo, puede acordarse que algunas tomas se mantendrán mientras otras comenzarán a desaparecer.

En esos momentos, el contacto físico puede adquirir un papel central. Un abrazo, hacer upa, jugar, salir a caminar o compartir otra actividad pueden convertirse paulatinamente en alternativas a aquellas tomas que ya no se realizan.

La estrategia, de todos modos, no tiene por qué ser igual para todas las familias. Los especialistas destacan que cada lactancia tiene características particulares y que el acompañamiento profesional puede ayudar a encontrar un esquema que resulte posible y respetuoso para quienes participan del proceso.

Las tomas nocturnas, el desafío más frecuente

Uno de los momentos que suele presentar mayores dificultades es la noche. Muchos bebés y niños pequeños utilizan la lactancia como parte de su rutina para conciliar el sueño, por lo que eliminar esas tomas puede requerir más tiempo que las del día.

En estos casos, el objetivo es construir progresivamente nuevas rutinas para dormir. La presencia de otro adulto de confianza, los abrazos, las canciones, los cuentos u otras formas de acompañamiento pueden ayudar a que el niño incorpore nuevas maneras de relajarse y conciliar el sueño.

El proceso puede ser diferente en cada caso y no necesariamente implica retirar todas las tomas al mismo tiempo. Algunas familias optan por conservar durante un período aquellas vinculadas al descanso y comenzar por otras que resultan menos significativas para el niño.

Destetar no significa necesariamente que “se terminó la leche”

Otro aspecto que los especialistas buscan revisar es la idea de que una disminución en la producción de leche significa necesariamente que la lactancia debe finalizar.

Las dificultades para producir leche o para mantener una lactancia pueden estar relacionadas, entre otras cuestiones, con problemas de agarre o con la forma en que se establece la alimentación. En determinadas situaciones, estas dificultades pueden abordarse con asesoramiento especializado.

Por eso, ante la percepción de que hay poca leche o de que la lactancia ya no funciona como antes, la recomendación es consultar antes de tomar una decisión definitiva.

Acompañamiento para una decisión que también puede ser materna

Durante mucho tiempo, el destete estuvo asociado principalmente a una decisión vinculada con la edad del niño. Las perspectivas actuales incorporan también las necesidades y deseos de quien amamanta.

El cansancio, la necesidad de recuperar autonomía corporal, el regreso al trabajo, determinadas situaciones de salud o simplemente el deseo de cerrar esa etapa pueden ser razones válidas para iniciar el proceso.

En ese contexto, los equipos especializados destacan la importancia de evitar la culpa y de reconocer que el bienestar de quien amamanta también forma parte de la ecuación. Pedir ayuda al entorno y contar con acompañamiento profesional puede facilitar una transición que, en muchos casos, implica cambios tanto en la alimentación como en las rutinas y en las formas de vinculación.

En la provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Salud cuenta con una red de 173 consultorios de lactancia destinados a brindar orientación durante las distintas etapas, incluido el destete. La recomendación es consultar cuando aparecen dificultades o cuando la familia necesita diseñar una estrategia acorde a su situación.

Así, el destete deja de ser entendido como una interrupción repentina y pasa a pensarse como un proceso: gradual, acompañado y construido de acuerdo con las necesidades de cada familia.